viernes, 1 de junio de 2012

¿Quién no quiere un dulce?



Tim Burton nos ofrece otra de sus curiosas películas bajo el nombre “Charlie y la fábrica de chocolate”, basada en la novela escrita por el autor británico Roald Dahl. Protagonizada por Johnny Depp, cuenta en su reparto con actores como Freddie Highmore, Helena Bonham Carter, David Kelly, entre otros muchos.

El film nos cuenta la historia de Charlie Bucket, un niño que vive en el seno de una familia muy pobre, y que un buen día gana un concurso, junto con otros cuatro niños de todas las zonas del mundo, para disfrutar de una visita guiada por la fábrica de chocolate, que es dirigida por Willy Wonka.

“Charlie y la fábrica de chocolate” es una historia bien entramada, con unos personajes de trasfondo, y un sin fin de emociones que el espectador puede ir revelando a medida que la película va avanzando. El personaje de Willy Wonka, interpretado por Johnny Depp, sufre de fuertes trastornos de personalidad, falta de cariño y de una figura paternal que le proporcionase en su día seguridad. Depp clava el papel de nuevo en esta película cargada de momento dulces.

El resto de personajes son completamente diferentes entre sí. Cinco niños totalmente distintos y unidos por los dulces, por el descubrimiento de uno de sus mayores sueños, aunque no todos los valoran de la misma manera. Empezamos desde el jovencito regordete y que no para de comer, pasando por la niña caprichosa, el niño obsesionado por los videojuegos, la niña criada para ser una gran campeona hasta acabar en Charlie. Él es un chico sencillo, que tiene una vida humilde, y quizá este es el guiño que Burton nos quiere mostrar, esa vida hace a Charlie valorar aún más las cosas que tiene.

La película es una expresión de color, de estética, de características muy bien cuidadas. Con un guión pulcro y bastante agradable uniéndolo a una música que hará reír a más de un niño... Es una obra que pueden disfrutar tanto niños como padres, podemos decir que se trata de un film dirigido para todo tipo de públicos.

Es cierto que el principio es bastante oscuro, gris, incierto, pero es entendible tratándose de una familia que tiene pocos recursos. Así Burton recrea la estética y nos hace sentirnos parte de ese mundo gris, pero feliz en el que vive Charlie con sus padres, y sus cuatro abuelos. Sin embargo, tras cruzar las puertas de esa gran fábrica, no sólo de dulces, sino también de sueños... Se nos abre todo un mundo de colores.

Es como meterse un caramelo de pica pica en la boca y sentir la explosión del sabor en la lengua, solo que visualmente. Os recomiendo que para ver la película aprovechéis para tomar un aperitivo dulce, pero hacedlo al inicio y no al final porque os aseguro que veréis tanto chocolate, gominolas, y dulces que podríais sufrir un ataque por exceso de azúcar.

Siempre nos han recomendado que los dulces deben tomarse con moderación, que disfrutar de un buen pedazo de chocolate antes de acostarnos es mejor que empacharse y tras ver esta película estoy completamente de acuerdo. Prefiero ese pequeño trozo de chocolate antes que una auténtica cascada de chocolate líquido cayendo sobre mí.

Sin duda Tim Burton crea una película infantil, pero sin perder ese toque que le caracteriza. Para todos aquellos que no la hayan visto antes, como yo, os recomiendo que le echéis un vistazo porque os sorprenderá ver que no es lo que esperabais.

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