lunes, 2 de junio de 2014

¿Boda o no boda? ¿Hasta que la muerte nos separe?



¡Qué lunes de abdicaciones! ¿Quién nos iba a decir que el Rey Juan Carlos I se iría ya? Ya… Ya sé lo que vais a decir. Esto no es un blog de política, no se tratan esos aspectos y estoy completamente de acuerdo. Pero una es periodista, no puede obviar lo que ha estudiado y mucho menos que es un gran cambio histórico. Y aún así, me voy a ceñir al guión y os voy a dejar mi opinión sobre “Castle”.

¡ATENCIÓN! LA ENTRADA CONTIENE SPOLIERS DEL FINAL DE LA SEXTA TEMPORADA DE LA SERIE. NO LEER AQUELLOS QUE AÚN NO LA HAYAN VISTO.



¡Qué felices iban a ser! Todos estábamos deseando ese final, después de toda una temporada mostrándonos retazos envueltos en crímenes y queríamos ver cómo Kate y Castle se daban el “sí quiero” ante el altar. ¿Quién no está enamorada de esta pareja? Chispa, humor y momentos de mucho dolor por parte de ambos.

El último capítulo de la temporada empezaba muy bien, mostrándonos cómo el día parecía ser perfecto, ahora que todos los fantasmas se habían esfumado. Conseguir una licencia matrimonial es coser y cantar… ¡Para alguien que no está casado! ¿Quién se hubiera imaginado a una Beckett pasando por una capilla en Las Vegas?

¡Quién te ha visto y quién te ve! La cara de Castle es un poema, pero la determinación de Kate es férrea y está dispuesta a cualquier cosa con tal de casarse. Y más la vale, después de hacernos esperar cinco temporadas para este momento y solo darnos pequeños adelantos de lo que sería. Así que, nos montamos en el coche y vamos en busca del marido perdido.



¡Y menudo marido! Premio para los guionistas, no podían haber puesto una situación más disparatada y cómica. El capítulo trascurre sin prisa, al menos hasta que el “tercero en discordia” es secuestrado y Kate tiene que llamar a Castle porque las cosas se desmoronan. Y aquí viene lo mejor del capítulo, esa compenetración de pareja y que nos ha cautivado desde la primera escena.

Dejamos atrás a los secundarios, todos demasiados preocupados por la boda y dejamos que la parejita se las apañe. Al menos hasta que el banquete se cancela, algo que se arregla con facilidad, pero no tanto como el vestido de novia. “Kate, el vestido ha muerto… HA MUERTO”. Panzada a reír solo con la cara de las dos amigas y el destrozo que le han hecho al pobre vestido.

Después de muchos atropellos, más de una carrera e incluso un allanamiento de morada… ¡ahí lo tenemos! Por fin hemos encontrado al marido perdido, más bien atado a una silla y con una Kate dispuesta a conseguir la firma. ¡Algo que ya veíamos imposible! ¿Y todo para qué? Para descubrir que el secuestrador es un delincuente de mucho cuidado y que mejor tenerle lejos si es posible.



¡Qué situación más tensa! Armas por todos lados, no sabías a quien disparar y la firma ya estaba en los papeles. Vuelta a casa, donde se había preparado una boda de ensueño y el tiempo justo para cambiarse de ropa. Vestido perfecto el de Kate, llamada rápida de Castle y un coche sospechoso siguiéndole…

¿Cómo narices os atrevéis a dejarlo así? ¿No tenéis piedad de nuestros nervios? ¿No os destroza ver a la pobre Kate llorando como una magdalena? ¿Acaso no tenéis corazón? Obviamente, sé que Castle no está muerto o tendrían que cambiar el nombre de la serie, pero ella sí lo cree… ¡Y para mí es más que suficiente! Juro que os echaré una maldición como nos hagáis sufrir demasiado.


¿Qué habrá pasado con Castle? ¿Realmente se tragará Kate que está muerto? ¿Cómo será el reencuentro? Son tantas las incógnitas, que aunque estoy enfadada con vosotros, solo puedo deciros que habéis creado un buen final. ¡Un crimen convertido en amor!

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